Respuesta rápida: En la medicina clásica, la salud era la eucrasia: una mezcla equilibrada de los cuatro humores. La enfermedad era la discrasia: un desequilibrio en el que un humor se desbordaba o se quedaba corto. Cada humor estaba ligado a un elemento, a un par de cualidades y a un grupo de signos, así que una discrasia se leía como un exceso de calor, frío, humedad o sequedad.
La medicina clásica tenía una sola teoría de la enfermedad, elegante y sencilla. Giraba en torno a la palabra krasis, que significa mezcla. Cuando los cuatro humores estaban bien combinados, el cuerpo se hallaba en eucrasia, una buena mezcla, y estaba sano. Cuando la combinación fallaba, es decir, cuando un humor crecía más allá de su parte o quedaba por debajo de ella, el cuerpo caía en discrasia, una mala mezcla. Esa era la raíz de la enfermedad.

Eucrasia y discrasia: el equilibrio y su pérdida
El texto hipocrático Sobre la naturaleza del hombre, atribuido por lo general a Pólibo dentro de la escuela de Hipócrates, enuncia el principio con claridad. El cuerpo alberga sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra. Una persona goza de la mejor salud cuando estos guardan la debida proporción en fuerza y cantidad y están bien mezclados entre sí. El dolor y la enfermedad surgen cuando uno se presenta en exceso o en defecto, o cuando se separa en el cuerpo y no se combina con el resto.
Galeno edificó todo su sistema sobre este marco. La eucrasia era el estado bien templado, aquel en que los cuatro humores y sus cualidades mantenían su justa medida. La discrasia era el fallo: un exceso o una deficiencia que descentraba la mezcla. Como cada humor portaba un par de cualidades primarias, toda discrasia podía nombrarse también por su cualidad, es decir, como una dolencia de exceso de calor, de frío, de humedad o de sequedad. La salud era un equilibrio móvil, y la medicina, el arte de reconducirla hacia el medio.
Los cuatro humores y sus signos
La fuerza del modelo residía en que todo encajaba. Cada humor respondía a un elemento, a dos de las cuatro cualidades, a una estación, a un planeta y a una triplicidad de signos zodiacales. Cuando un humor dominaba, la tradición recurría a la cualidad opuesta para corregirlo: enfriaba lo caliente y humedecía lo seco, según la antigua regla de que los contrarios curan.
| Humor | Elemento | Cualidades | Temperamento | Triplicidad zodiacal | | --- | --- | --- | --- | --- | | Sangre | Aire | Caliente y húmedo | Sanguíneo | Géminis, Libra, Acuario | | Bilis amarilla | Fuego | Caliente y seco | Colérico | Aries, Leo, Sagitario | | Bilis negra | Tierra | Frío y seco | Melancólico | Tauro, Virgo, Capricornio | | Flema | Agua | Frío y húmedo | Flemático | Cáncer, Escorpio, Piscis |
Como los signos de cada elemento comparten el humor de ese elemento, una carta cargada en una triplicidad se leía como inclinada hacia ese humor. Un cúmulo de posiciones de fuego tiraba hacia la nota colérica, caliente y seca; una racha de agua, hacia la flemática, fría y húmeda, y así con las demás. El vínculo entre elemento y humor se explica con más detalle en la panorámica de los cuatro elementos en astrología. Aquí el punto es más acotado: una discrasia era un desequilibrio entre exactamente estos cuatro.
Cuando un humor domina
Cada discrasia tenía carácter propio, porque cada exceso llevaba su propia firma. El exceso de bilis amarilla corría caliente y seco, y se asociaba a fiebres, inflamación y una irritabilidad viva y aguda. El exceso de flema corría frío y húmedo, y se vinculaba a la lentitud, la congestión y la pesadez. El exceso de bilis negra, frío y seco, se ligaba a ese temple cavilante, temeroso y consuntivo que dio nombre a la propia melancolía, un tema que se explora en Saturno y la melancolía. Y un exceso de sangre, caliente y húmedo, era la plenitud que los antiguos médicos llamaban plétora.
La lectura clásica era siempre relativa. Una discrasia no era nunca un humor actuando solo, sino un humor desproporcionado respecto a los demás. Además, se juzgaba frente al temperamento de base de cada persona, no frente a un ideal abstracto. De una constitución naturalmente colérica se esperaba más calor que de una flemática, de modo que la misma cantidad de bilis amarilla significaba cosas distintas en cuerpos distintos. La enfermedad, en este cuadro, era apartarse de la mezcla propia y adecuada.
El papel de la astrología: leer el exceso
La medicina astrológica proyectaba este esquema sobre los cielos. Ptolomeo, en el Tetrabiblos, clasificaba los planetas por las mismas cualidades: el Sol y Marte calientan, Saturno enfría y seca sobre todo, la Luna humedece, y Júpiter es templado y templa con calor. El médico astrólogo leía una natividad por su equilibrio nativo y luego observaba cómo los tránsitos y las direcciones podían inclinar un humor hacia el exceso, siempre a través de la trama de lo caliente, lo frío, lo húmedo y lo seco.
Los regentes de triplicidad ligaban los humores a los signos por regencia. La melotesia zodiacal, el hombre zodiacal, asignaba cada signo a una región del cuerpo, de modo que una discrasia podía localizarse además de nombrarse. El Canon de medicina de Avicena, que llevó la teoría galénica al Occidente medieval, organizaba el diagnóstico en torno al mizaj, la palabra árabe para temperamento o mezcla, y trataba el buen régimen como el modo de mantener firme esa mezcla. La aportación del astrólogo era el momento y el patrón: un hilo simbólico entre muchos, nunca el paño entero.
Restablecer el equilibrio
Como la discrasia era desequilibrio, su remedio era el reequilibrio. La regla rectora era contraria contrariis, los contrarios se curan con los contrarios. Un exceso caliente y seco pedía medidas refrescantes y humectantes; uno frío y húmedo, medidas cálidas y secantes. Esta lógica recorría la dieta, las hierbas, el sueño, el ejercicio e incluso el estado de ánimo, las palancas que Galeno llamaba las cosas no naturales, y es la misma que sustenta la clásica nutrición astrológica según el temperamento. El objetivo nunca era borrar un humor, sino devolver la mezcla entera a la eucrasia, ese medio bien templado en el que se creía que el cuerpo se mantenía sano por sí mismo.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la diferencia entre eucrasia y discrasia?
La eucrasia es el nombre clásico de la salud: una buena mezcla de los cuatro humores, cada uno en su justa fuerza y proporción. La discrasia es lo opuesto: una mala mezcla en la que un humor se desborda o se queda corto. La medicina clásica la consideraba la raíz de la enfermedad.
¿Cómo se relaciona un desequilibrio humoral con los signos del zodiaco?
Cada humor estaba ligado a un elemento y, por tanto, a una triplicidad de signos: la sangre al aire, la bilis amarilla al fuego, la bilis negra a la tierra y la flema al agua. Una carta muy inclinada hacia un elemento se leía como propensa al humor de ese elemento, así que un desequilibrio podía describirse a través de los signos.
¿Puede una carta natal mostrar un desequilibrio humoral?
En el modelo clásico, una carta se leía por su temperamento nativo. Luego se observaba en busca de influencias planetarias que pudieran inclinar un humor hacia el exceso, siempre a través de las cualidades de lo caliente, lo frío, lo húmedo y lo seco. Describe un patrón simbólico para la reflexión.
Explora tu propio equilibrio
Para ver el equilibrio elemental y humoral de tu propia carta, calcula una carta natal gratuita o lee tu constitución mediante un informe de salud clásico, que parte del temperamento y no de la adivinación. Para más técnica tradicional explicada con sencillez, recorre el blog, y toma todo ello como historia y autoconocimiento.
