Respuesta rápida: En el modelo clásico los cuatro temperamentos dan el trazo general de una personalidad. La mente y el razonamiento, en cambio, se leían con más finura a partir de Mercurio, el planeta del pensamiento, y de la Luna, que gobernaba el lado emocional e imaginativo. Un temperamento caliente agudiza y aviva la mente; uno frío la asienta y la profundiza. La humedad la ablanda y la sequedad la fija.
Los autores clásicos separaban con cuidado el temperamento del cuerpo del carácter de la mente. La complexión humoral fijaba el tono general: rápido o lento, cálido o reservado. Pero la cuestión más fina, cómo una persona razona, recuerda e imagina, se confiaba a dos planetas: Mercurio y la Luna.

El temperamento fija el tono del carácter
Los cuatro temperamentos nunca trataron solo del cuerpo. Cada complexión humoral llevaba consigo un molde reconocido de la mente, y aquí es donde los cuatro temperamentos se encuentran con la personalidad.
El tipo colérico es caliente y seco, y se liga a los signos de fuego Aries, Leo y Sagitario. Se consideraba rápido, audaz e impaciente. El tipo sanguíneo es caliente y húmedo, ligado a los signos de aire Géminis, Libra y Acuario. Era alegre, sociable y cambiante. El tipo melancólico es frío y seco, ligado a los signos de tierra Tauro, Virgo y Capricornio. Era reflexivo, cuidadoso e introvertido. El tipo flemático es frío y húmedo, ligado a los signos de agua Cáncer, Escorpio y Piscis. Era tranquilo, paciente y receptivo. Todas estas eran descripciones de tendencia, leídas a partir de la carta entera y no etiquetas fijas.
Por qué las cualidades moldean la mente
Detrás de los temperamentos están las cuatro cualidades primarias, y la psicología clásica las tomaba casi al pie de la letra. El calor aceleraba y agudizaba el movimiento mental, así que los temperamentos calientes eran rápidos para captar y rápidos para actuar. El frío ralentizaba y asentaba la mente, y daba al melancólico y al flemático su paciencia y su profundidad.
La humedad hacía que las impresiones se recibieran con facilidad, pero también se perdieran con facilidad. La tradición lo vinculaba a la memoria mudable del sanguíneo y a la blanda receptividad del flemático. La sequedad, en cambio, retenía las impresiones con firmeza. Por eso a los temperamentos secos se les atribuía buena retentiva y juicio fijo, a costa de la flexibilidad. Sobre este esquema, las modalidades cardinal, fija y mutable de los signos dominantes añaden otra capa, e inclinan el mismo temperamento hacia la iniciativa, la persistencia o la adaptabilidad.
Mercurio, el planeta de la mente racional
Si el temperamento da el tono, Mercurio da el instrumento. En el Tetrabiblos, Ptolomeo asignó la parte racional e intelectual del alma sobre todo a Mercurio, y la parte sensible, irracional y emocional a la Luna. Por eso la condición de Mercurio se leía con atención para valorar la calidad del pensamiento: su signo, los aspectos que recibía y, sobre todo, si salía antes que el Sol como estrella matutina o se ponía tras él como estrella vespertina.
Cada situación teñía la mente de un modo distinto. Un Mercurio bien situado en un signo aéreo o mutable era versátil y elocuente; en un signo de tierra, metódico y práctico. Unido a Saturno resultaba profundo y serio; unido a Marte, agudo y combativo; vencido por los rayos del Sol, más difícil de expresar. Mercurio toma el color de la compañía que frecuenta, y por eso la mente clásica nunca se leía a partir de un solo factor.
La Luna y la imaginación emocional
La Luna llevaba la otra mitad del carácter: el sentimiento, la memoria, la imaginación y los estados de ánimo que se mueven por debajo de la razón. Es el más rápido y húmedo de los planetas clásicos, y gobernaba el lado mudable e impresionable de la mente. Su signo y su fase se sopesaban para leer el temperamento emocional. Una Luna que reunía luz se interpretaba como expansiva y creciente en el sentir; una Luna menguante, como más introvertida.
La Luna significaba además la humedad del cuerpo, de modo que ligaba la vida emocional de vuelta a la complexión humoral. Ese hilo se explora más a fondo en temperamento y la Luna. El emparejamiento de Ptolomeo, Mercurio para la razón y la Luna para el sentimiento, dio a la tradición un mapa de dos planetas para todo el carácter mental.
El mapa clásico de un vistazo
| Temperamento | Elemento y signos | Cualidad | Molde mental | | --- | --- | --- | --- | | Colérico | Fuego: Aries, Leo, Sagitario | Caliente y seco | Rápido, decidido, audaz, impaciente | | Sanguíneo | Aire: Géminis, Libra, Acuario | Caliente y húmedo | Sociable, optimista, versátil, inquieto | | Melancólico | Tierra: Tauro, Virgo, Capricornio | Frío y seco | Reflexivo, cuidadoso, retentivo, cauteloso | | Flemático | Agua: Cáncer, Escorpio, Piscis | Frío y húmedo | Tranquilo, paciente, receptivo, constante |
Leer el conjunto entero
Ningún autor cuidadoso juzgaba el carácter mental a partir de una sola posición. El método clásico sopesaba primero el temperamento de la carta entera. Luego leía Mercurio para la mente racional y la Luna para la mente sensible, y solo entonces los combinaba en una descripción. Un temperamento colérico con un Mercurio aéreo fuerte se lee de forma muy distinta al mismo temperamento con un Mercurio saturnino. Una complexión flemática con una Luna llena y bien aspectada difiere de otra con una Luna afligida.
El punto de partida es siempre el signo ascendente y su regente, que fijan la constitución dentro de la cual trabaja luego la mente. El carácter, en este modelo, es un tejido y no un veredicto.
Preguntas frecuentes
¿Deciden la mente el temperamento o Mercurio?
Los dos, en niveles distintos. En el modelo clásico el temperamento fija el tono general de una personalidad: cálida o fría, rápida o pausada. Mercurio afina la mente racional y la Luna la emocional e imaginativa. Una lectura cuidadosa sopesa primero el temperamento y luego lee los dos planetas dentro de él, en vez de elegir un solo factor.
¿Por qué se llama a Mercurio el planeta de la mente?
Porque Ptolomeo asignó la parte racional del alma a Mercurio en el Tetrabiblos, y los astrólogos posteriores lo siguieron. Mercurio gobierna el pensamiento, el habla, la memoria y el razonamiento. Se leía con atención por su signo, sus aspectos y su posición respecto al Sol. Como Mercurio adopta la naturaleza de los planetas a los que se une, su carácter cambia con el resto de la carta.
¿Puede esto decirme cuán inteligente soy?
No. El simbolismo del temperamento y de los planetas es un lenguaje descriptivo e histórico sobre estilos de mente, no una medida de la inteligencia, la capacidad o el valor de nadie. La tradición lo empleaba como un modo de reflexión y de autoconocimiento sobre las tendencias del carácter.
Explora tu propia carta
Para ver tu equilibrio elemental y la condición de Mercurio y la Luna en tu propia carta, calcula una carta natal gratuita o lee tu constitución mediante un informe de salud, que parte del temperamento clásico y no de la adivinación. Para el hilo saturnino más profundo de la mente reflexiva, lee Saturno y la melancolía.
